Mindfulness, el as en la manga

 Dos hermanas pasean un domingo por la mañana, ríen, comentan, discuten … La madre va detrás a lo suyo, o sea, a estar pendiente, plenamente atenta a ellas y a lo que ocurre en torno a ellas.  Lo pasa muy bien, las chiquillas son ocurrentes y, qué caramba, están “de finde” el talante festivo y juguetón.  El sol, también atento desde arriba propicia que todo brille más y que los colores, que hoy son más vibrantes, rebosen las miradas.

En algún momento un coche llama la atención de las dos hermanas, un coche de color …  La pequeña dice que para ella el coche es amarillo, amarillo oro viejo exactamente. Carmen, la mayor, asegura que no, que ese coche es verde, verde oliva, lo defiende a capa y espada, busca la alianza con la madre y no deja de argumentar vehementemente a favor de “su” color.

La solución, como suele ocurrir en los juegos cuando los ánimos se descompensan, se manifiesta de la mano de la mente clara y atenta, la que toma perspectiva para ir al núcleo del asunto, se saca de la manga el as de cierre y sentencia tranquilamente desde sus diez pequeños años: “Carmen, tú lo que necesitas es mindfulness, mucho mindfulness”.  La madre ni pío, claro.

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