Dolor crónico: un fuera de la ley

Hay unas cuantas cosas difíciles de comprender en la vida, pero seguramente las más difíciles de comprender sean aquellas que no apreciamos a simple vista. El dolor crónico es una de ellas, especialmente el que no resulta de una lesión que podamos ver con nuestros propios ojos o con los ojos de la tecnología. Sin embargo existe y causa sufrimiento.

El dolor en esta categoría es hermano gemelo del forajido de las pelis del Oeste, el fuera de la ley enmascarado y noctámbulo que tampoco descansa de día y que se mantiene implacablemente fiel a su causa. Hay un western que últimamente suelo recomendar, Los Odiosos Ocho de Tarantino.  En él se cruzan las vidas de ocho tipos malencarados de sonrisa sarcástica y mirada turbia entre los que destaca una mujer, Daisy Domergue. Daisy parece carecer de vulnerabilidad e inmune al desaliento o a la inhibición por las vías al uso, no sucumbe a los golpes del odioso cazarrecompensas John Ruth “La Horca”. Tampoco el dolor crónico sucumbe a los intentos de intimidación de su propia horca, la farmacia.

Sin embargo aunque no sea fácil, aunque no siempre sea posible, hay vías alternativas, indirectas e increiblemente efectivas para inhibirlo, porque del mismo modo que Daisy Domergue tiene un punto vulnerable en su hermano Jody, el dolor también lo tiene. Es el recuerdo de nuestra memoria primera, esa que nos conecta con la esencia de nuestras virtudes, de nuestras fortalezas y de nuestro amor incondicional por la vida, la que nos rescata de las garras del sufrimiento del dolor crónico. Dicho así, sin más, resulta impreciso pero puedo explicarlo porque sé a qué y sé a quienes me refiero cuando hablo de virtudes, fortalezas, vida y amor:

  • cuando hablo de virtudes hablo de perseverancia y humildad. La perseverancia para seguir probando, combinando y descubriendo soluciones. La humildad para aceptar las meteduras de pata lógicas del proceso.

  • Cuando hablo de fortalezas me refiero a todo aquello en lo que somos buenos, todo aquello que nos hace destacar y que los demás destacan de nosotros: paciencia, amabilidad, firmeza, buen gusto, sentido del humor, coraje …

  • Con vida y amor me refiero a todo y a todos los que nos impulsen a inspirar y a recibir cariño y apoyo: la familia, la pareja, los amigos, los terapeutas, el sol, el olor a lluvia …  

    Todo forajido se resiste a cualquier avispado cazarrecompensas, pero tras la huida sucumbe dulcemente ante el hallazgo de su memoria primera, el recuerdo emergente que le muestra su auténtico Yo propósito de su existencia.  

    Gracias a Elena Jiménez Muñoz y a Rubén González Aguilera por ayudarme a recordar.

     

1 Comment

  1. No sabes lo agradecida e identificada que me siento al leer estas palabras, comprendo perfectamente lo que quieres transmitir y siento que así es como me has enseñado a creer en mí, a sentirme, a respetarme, a quererme y a identificarme conmigo misma. Recuerdo la sensación de un día paseando descalza por el césped, muchas veces lo había hecho antes más, aquel día fue diferente; estabas tú….. al tomar contacto con la hierva y la tierra yo sentí como cogía fuerza como me anclaba en el suelo para ser más yo estando más presente, fue sólo un rato aunque fue suficiente, había una intención y en mí surgió efecto.

    Un abrazo…….. Manuela.

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