Esquemas, problemas y un sombrero mexicano

Tiene mucha aceptación la idea de estar presente y plenamente concentrado en lo que uno está haciendo. A mí me gusta, y por eso voy probando con pequeñas cosas que hago a lo largo del día. Son pequeñas rutinas que ya tengo incorporadas como se incorporan las rutinas, es decir, como quien no quiere la cosa.
Una de las primeras de mis días es el zumo de naranja. Empiezo eligiendo las naranjas, las troceo en mitades, monto el exprimidor, lo enchufo y, de nuevo como quien no quiere la cosa, ahí está aromático y fresco, con ese color descaradamente energizante.  Pero no todas las mañanas son idílicas, algunas ando dándole vueltas a ese tipo de asunto que tendemos a calificar de problema. Mi cabeza se ocupa entonces en diseñar estrategias para resolverlo, ya esté exprimiendo naranjas, tomando café o pasando el antivirus al pc.
Hace unos días estaba concentradísima en el diseño de brillantes esquemas, el exprimidor recién fregado escurriendo encima de un vaso, y de repente oí una vocecita “¡Ahí va, un sombrero mexicano!”. De repente qué fácil resultaba todo, un giro de 180º, un abrazo,  unas risas y un nuevo problema ¿Cómo haré zumo con un sombrero mexicano?

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