Valientes y vulnerables

 

Valientes y vulnerablesCalificar a una persona de valiente la transforma rápidamente a ojos de los demás. Expresar un gesto que nadie más se atreve a expresar, decir lo que otros callan o complacerse derrochando “actitud” con un punto de osadía y desafío, siempre tiene público. Los grandes relatos recogidos en la narrativa de ficción frecuentemente presentan a héroes infalibles en un escenario de tragedia, que hazaña tras hazaña nos van dejando sin aliento. Sin embargo, muchos de esos valientes héroes ocultan un hermoso tesoro que no todos, o no siempre, sabemos apreciar. Una rareza que disuelve el velo de utopía que envuelve la piel de estos personajes fantásticos, para finalmente hacernos caer en la cuenta de que hay vida tras la metáfora.

En estos tiempos en los que la visión utópica con aromas a new age de la condición humana es tendencia, resulta heroico divulgar la visión “trágica” de un universo humano complejo y diverso, abundante en contrastes y matices. En la Universidad de Harvard, el científico Steven Pinker emplea buena parte de su talento en reunir datos que le permiten defender con solvencia el concepto de naturaleza humana, un universo de posibilidades infinitas en el que caben bondad, crueldad, amor, violencia, generosidad, soberbia, honestidad, duda, certidumbre, mentira, verdad, y toda suerte de virtudes y defectos. Reconocer la versatilidad de la naturaleza humana, lejos de ser una tragedia, es una gran noticia que nos deja vía libre no sólo para elegir, sino también para errar, aceptar, aprender y transformarnos. Probablemente pocos como Boris Pasternak supieron expresar con tanta belleza la amplitud de la aventura de nuestra existencia:

Hay que vivir sin imposturas
vivir de modo que con el tiempo
nos lleguemos a ganar el amor del espacio,
y oigamos la voz del futuro.
Hay que dejar blancos
en el destino y no en el papel
y en los márgenes anotar
pasajes y capítulos de la vida entera.
Debemos sumirnos en el anónimo
y ocultar en él nuestros pasos

tal como se oculta el paisaje
tras una niebla espesa.
Otros siguiendo tus huellas, frescas
recorrerán tu camino palmo a palmo,
pero tú mismo no debes distinguir
la derrota de la victoria
no debes renunciar ni a una brizna de ti mismo
Tú debes estar vivo.
Solamente vivir
Hasta el final.

La sucesión de presentes benditamente imperfectos de este poema presentan al héroe que sin duda somos como especie. Un héroe con espíritu pionero que explora los caminos de la conciencia, que arriesga valientemente, que no se deja seducir por la ficción de la infalibilidad y que expone la piel protegiendo el tesoro de su vulnerabilidad. Un tesoro sólo disponible para valientes dispuestos a crear la más bella narrativa que jamás existió, existe o existirá, la narrativa de la perfecta experiencia de nuestra imperfecta existencia.

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