Andy Warhol sabía disparar

AndyWarholsabíadisparar·

Jugar con la nieve es divertido, muy divertido.  Moldear bolas blandas, redonditas, lanzarlas antes de que se derritan, mirar al cielo con la boca abierta, sentir las cosquillas de los copos en la garganta o en la nariz,  hacer un muñeco de nieve regordete y sonriente  …  Da mucho juego la nieve.

 Aunque a Andy Warhol su Pittsburgh natal le brindó la oportunidad de jugar con la nieve cada dos por tres, él prefería dedicarse a otros quehaceres.  Por lo que se sabe de su vida, no parece que el pequeño Andy fuera parlanchín, chispeante o el alma de ninguna fiesta, aunque de mayor se convirtiera en la de muchas y muy sonadas. Andy era más bien tímido y solitario, y tenía otras formas de pasárselo bien.  Sacarle partido a la timidez es un arte que encaja a la perfección con el gustazo de observar, que se le daba de maravilla, como también se le daba de maravilla dibujar, disparar su cámara y provocar.  Dibujando, lo de disparar llegaría después, provocó las críticas implacables de los jueces que valoraban los concursos de pintura de su ciudad.  Su dureza, lejos de intimidarle, le llevó a emprender un viaje sin retorno a Manhattan, donde le esperaban el triunfo y la fama con los brazos abiertos.  Podría decirse que la rebeldía y los problemillas de Andy con la “autoridad competente” fueron la llave de su éxito, la obediencia ciega no encajaba en la mirada indómita  del icono del pop art.

A lo largo de su imperfecta vida Andy tuvo tratos con la enfermedad, la muerte y el sufrimiento, pero tuvo también la maestría de imponer la luz de sus colores a cualquier sombra que se le presentara.  En junio de 1968 la sombra de la esquizofrenia indujo a Valerie Solanas a disparar a Andy en el pecho.  Estos disparos que a punto estuvieron de matar y cegar para siempre a Andy, lo bañaron en luz de tal manera que el niño que no jugaba con la nieve, mantuvo su empeño en seguir siendo el hombre que ya era: un artista que jugaba a disparar color, ingenio y transgresión.

A menudo nos viene bien observar a los demás, aunque sea tímidamente como Andy.  La actitud, el talante y el modo que tienen otros de lidiar con las luces y las sombras de la vida, nos pueden dar alas, coraje y esperanza para avanzar hacia una vida mejor, más cercana a la que de verdad deseamos.  Sin duda, la actitud de Andy fue un disparo certero, directo y efectivo a nuestro íntimo y compartido deseo de colorear armoniosamente nuestra experiencia común, la experiencia de vivir.

4 Comments

  1. Soy una privilegiada, es mi primero que me nace decir al leer tu comentario. Muchas gracias AnaPaloma, maravilloso post, de un gran artista. Un personaje extraño oculto en su timidez y transmitiendo tanto color y arte en su mejor forma de expresión.
    En un viaje a Madrid visitando a mi hna cuando estudiaba Bellas artes fuimos a ver una película que me maravillo. Vimos “Basquiat”
    Basquiat fue un homeless de Manhattan grafitero, artista y poeta que lo rescato de la calle Andy Warhol y vio en él el talento interior de semejante artista.
    Ahí lo dejo amiga

    Le gusta a 1 persona

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