La lista que no se compra

LaListaQueNoSeCompra

“¿No estamos,  o no se nos ve?  ¿Cómo se reescribe La Historia? 

El relato tiene que cambiar forzosamente”

 

A veces no nos ven, aunque nos gustaría.  A veces no nos escuchan, aunque sería necesario.  A veces cualquiera de nosotros podría identificarse con alguna de estas dos sensaciones, a veces con ambas. Sin embargo el entrecomillado que encabeza este texto no alude a cualquiera de nosotros.  Cuando Carlota Basso pronunció estas palabras, la pasada primavera, en el Festival Internacional de cine hecho por mujeres aludía a las más de cincuenta directoras de cine que hay en España y a la multitud de mujeres que trabajan en la industria cinematográfica de nuestro país.

Seguramente ellas, al igual que yo, recuerden que cuando fueron niñas, allá por el XX, en los barrios era típico salir a jugar:

–  ¿Me puedo bajar?  – Preguntábamos en casa

– ¿Has hecho todos los deberes?  ¿Te sabes ya lo de mañana?

– ¡Siiiiiiiiiiiiiiii!  – Respondíamos impacientes al tiempo que retirábamos la cadena del cerrojillo de la puerta.

– Bueeeno, pero sube a tu hora que siempre te enredas

– Valeeeeeeeeee .-  Un “vale” que se alejaba al mismo ritmo que los pies descendían escalera abajo.

Y ahí estaban  ¡la calle!  ¡el barrio!  ¡el aire libre!  No hay memoria que olvide esas imágenes.  No hay memoria que olvide la sensación de libertad intensa que nos impulsaba a saltar, correr, gritar, reír,  agacharnos, levantarnos y volvernos a agachar.  No hay memoria que olvide el Rescate, el Churro-Media Manga-Manga Entera, el Corro de la Patata o el Escondite.  Son nuestros recuerdos incorporándose a nuestra historia personal, estimulando nuestros pensamientos, nuestra manera de hacer y nuestra forma de vivir.

Desde que escuché las palabras de Carlota no puedo evitar que mi memoria me traiga el recuerdo del juego del escondite , en especial de ese momento en el que toca descubrir dónde está cada cual, descubrir si es que no está o es que simplemente no se le ve.  Hoy, aquí y ahora, es hora de que recordemos que ya no es momento de jugar al escondite, de que el siglo XXI marca un nuevo tiempo en nuestra historia, de que la historia que contaremos ya no se limitará a enunciar la lista de lo políticamente correcto.  Es necesario que recordemos que la discreción excesiva, la humildad mal entendida y la ausencia de ambición que nos invisibilizan no nos hacen bien, tan sólo conforman la lista de cosas que ya no queremos comprar.

Mirarnos, acostumbrarnos a darnos valor, a hacernos ver son cuestiones que forman parte de la lista de lo que sí queremos comprar.  Por eso, no te avergüences cuando te reconozcan que vales, cuando te digan que sabes latín o cuando alucinen porque eres buena hasta decir basta.  Nunca es tarde para empezar, para crear una lista que cuestione lo establecido, una lista que nos defina, que nos retrate y que vale lo que vale porque no tiene precio.  Porque esta lista no se compra.

La lista que no se compra

 

2 Comments

  1. Lo cuento, lo pido y… lo mostraré, prometido.

    Gracias por revivir esas sensaciones de niña, esa libertad.

    Crear conciencia es el primer paso para poder hacer esa lista, gracias por tu empeño también.

    Un besazo.

    Me gusta

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