Pesada ¡porque yo lo creo!

PesadaPorqueYoLoValgo

No era suficiente, no había una explicación clara.  Sólo puertas que se cerraban ante sus narices, ocultando definitivamente las miradas de pena impotente del otro lado.  Pero Paula no quería desistir, no podía.  Valía la pena probar aquí y allá con toda puerta habida y por haber, y descubrir una más cuando parecía que ya no quedaba en el mundo ni una sola que tocar:

– ¿Otra vez por aquí, Paula?

– Paula ¿Otra prueba más?

– Pero Paula, si te dije que ya no podíamos hacer nada más por ti

– Ay Paula ¡Qué pesada eres!

Lo que nadie sabía es que cada vez que una de esas puertas se cerraba, la determinación de Paula crecía.  Contra todo pronóstico, ella seguía construyendo su historia día a día, dándole giros cada vez más inesperados, alterando el curso natural de los acontecimientos a su favor.  Porque Paula no era mujer que se rindiera fácilmente.  Creía que valía la pena probar con un final diferente al de la inmovilidad a la que parecía condenada.  Era pesada, muy pesada.  Tan pesada que si algo no andaba bien, como ella misma tiempo atrás, buscaba puertas, las llaves para abrirlas e intentaba, tentaba y no dejaba de intentar.

Todos tenemos una historia que contar, a todos nos pasan cosas, todos hemos peleado alguna gran batalla o tenemos alguna pendiente de combatir.  Aunque la victoria no suele estar asegurada, lo que sí es seguro es que si nos ponemos pesados, solemos vencer.  La historia de Paula es tan sólo la historia de una pesada más.  Una pesada que tan sólo creía que valía la pena estar bien, hacer y deshacer, sentirse a gusto, disfrutar de la vida con mesura y desmesura, correr aventuras pequeñas y grandes, simples y fascinantes.  La historia de Paula es tan sólo la historia de una mujer desconocida que valía y quería.

Pero ella no es la única.  En estos tiempos, la difusión de historias de pesadas célebres es tendencia.  Iniciativas como Mujeres viajeras , Mujeres en la historia , No me cuentes cuentos , divulgan los relatos insuficientemente conocidos de las vidas de pesadas cuya existencia no puede dejar indiferente a la humanidad.  Son relatos que toca ir recuperando poco a poco para visibilizar la presencia de una parte oculta de la humanidad, que vale muchísimo la pena.

Eso sí, no olvidemos que también hay pesadas anónimas.  Están a pie de calle, en la mesa de un café o en la parada del autobús, con relatos que tampoco nos dejarían indiferentes si supiéramos de ellos:  el relato de la puesta en marcha de un proyecto profesional, el relato de un amor, el de un desamor, el relato del deseo de ser madre, el relato del encaje de bolillos de la conciliación, el relato del peso de la responsabilidad, el relato de las decisiones de todos los días, el relato de las soledades, el de las alegrías, el relato del vértigo de volar o el del atrevimiento de hacerlo …

Mujeres como nosotras.  Pesadas como Mónica, Ana, Manuela, Elena, Nuria, Pilar, Camino, Mar, Carmen, Yésica, Elvira, Cati, Merche, Laura, Tamara, Cristina, Sara, Eva, Celia o Mila, que apuestan día a día por ser visibles, por ser persistentes y por insistir en aquello que creen que lo vale.  Mujeres que pueden mirar atrás con desparpajo y decir,

“¡Uuuuuffff, menos mal que me puse pesada!”

Mujeres pesadas que ahora que toca querer al presente y crear el futuro, saben que ellas pueden porque ya pudieron antes, porque ya volaron antes, porque ya se atrevieron antes y, por encima de todo, porque ellas ya lo creyeron antes.

“A todas vosotras”

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